Recuerdos de un internado
 

por Lucas Beriain

En el marco del ciclo de cine Violencia y Escuela, que se llevó a cabo en el primer cuatrimestre de 2018 en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) se han proyectado películas que tocan la temática, tanto nacionales  como internacionales. La segunda parte del ciclo se desarrollará en el segundo cuatrimestre. Y La última que hemos visto en esta primera parte fue Zéro en conduite (Cero en conducta).

En 1933 se estrena Zéro en conduite de Jean Vigo. El cine mudo mundial había llegado a su fin, Hollywood estaba llegando a su esplendor con el auge de la comedia musical y la renovación del cine fantástico con las producciones de clase B que volverían a poner en escena los grandes clásicos de la literatura olvidada hasta ese entonces (Drácula, Frankenstein). Apenas se estrenó el film fue censurado hasta 1946 por ser considerada una producción antipatriótica. Se dice además que Zéro se encontraba en el puesto número 1 de las películas odiadas por Goebbels. Zéro es una película que se enmarca en lo que se dio a conocer como realismo poético. Una suerte de movimiento, o grupo de cineastas, que realizaron películas donde se representaban personajes “malditos” ubicados en los márgenes de lo que por lo general eran los típicos héroes que se veían en el cine mudo y el comienzo del sonoro.

 

Además retrataban las ciudades y los pueblos de la Francia de entreguerras desde un punto de viste “natural”, con los deformes edificios y demás estructuras urbanas en las antípodas del gusto burgués puestas en escena anteriormente en el expresionismo alemán (El Último de Murnau, Metrópolis de Fritz Lang, etc) pero otorgándole un especial lirismo, esencia de este grupo.

Zéro en conduite retrata las vivencias de un grupo de chicos de no más de once años en un colegio pupilo, o en una internado con escolaridad. Una película donde la ficción se confunde con la realidad y la realidad con la propia biografía de Vigo. En efecto, al haber sido estudiante de una escuela de ese tipo, Vigo pudo plasmar los recuerdos de su experiencia en este mediometraje. El abuso de autoridad por parte de directivos y profesores es representado de forma cómica y un tanto inocente, utilizando elementos de la comedia propios del cine mudo que nos puede hacer recordar a Keaton o Chaplin y de edición similares a los cortos de su compatriota Méliès, ya que el cine sonoro aún era un descubrimiento reciente.

 

La mayor parte del mediometraje sucede en las instalaciones de la institución, sin embargo hay un momento en que los chicos y un profesor, el único simpático en ese lugar, salen a la calle y se puede ver el exterior “real”, anteriormente olvidado por los estudios y de ahí en más tenido en cuenta para las futuras vanguardias. De alguna forma ese momento ayuda a descomprimir ese clima represivo del que son víctima estos chicos.

 

La rebeldía de un grupo de chicos frente a las órdenes impuestas por la institución es el motor de la historia cuyo último fin es conseguir liberarse de las ataduras de los mayores. Algo que se puede ver en cualquier película que transcurra en una cárcel, siempre está la esperanza y el intento por escapar de ese lugar de encierro.

LABORATORIO DE ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES  -  lesyc@unq.edu.ar

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