China Made

Un changuito para la fuerza latina

A Propósito de la muestra “Colateral” de Yoshua Okón.

 

Por China Made

Conocí la obra de Yoshua Okón en el Museo Universitario de Arte Moderno de Ciudad de México (MUAC). En ese momento él presentaba Colateral, curada por John C. Welchman, una retrospectiva de su obra, que ya cuenta con 20 años de producción. Su trabajo abarca técnicas variadas, que son abordadas con humor crítico, humor que no banaliza, sino que deja pensando. Él dirá: “El humor es una estupenda herramienta para abordar temas incómodos. Una vez que ya te reíste no tienes más alternativa que afrontar ese lado oscuro de las obras”.

Okón trabaja desde diferentes formatos, video instalaciones, fotografías y esculturas, temáticas relacionadas con el Sistema Capitalista Integrado. Cuestiones de clase, etnia, problemas alimenticios y todo lo que se desprende de una sociedad dividida explícitamente entre el éxito o el fracaso. Esa dualidad de estar de este lado o del otro y así ir moldeando nuestras propias prácticas, de acuerdo con lo que el sistema necesita. Somos rehenes, pero jugamos a no serlo. El artista dice: “La cultura de consumo siempre proyecta una cara bonita, una imagen de bienestar. Para mí, el arte es una manera de tomar un poco de distancia crítica y romper con este estado idiota en el que estamos como consumidores pasivos”.

Okón impacta, interpela, por ejemplo, te muestra el vómito, literal, de cientos de mujeres bulímicas, que circula por un tubo transparente en uno de los pasillos del MUAC. Juega entre el humor y la crudeza a representar la mierda en la que vivimos. Trabaja temas y narrativas como la xenofobia, el capitalismo descarnado, las dictaduras y la cotidianidad, abordados a través de una mirada que va de lo documental a la parodia, creando espacios y niveles de lectura que detonan reflexiones inquietantes en el espectador.

A través del tiempo y la proliferación de su obra, se puede ver como Okón realiza un trabajo de provocación y crítica, como los abusos del poder, la guerra de intereses ideológicos, políticos, sociales, así como las repercusiones de las multinacionales y su mancuerna con las políticas gubernamentales, entre otros.

Pero quisiera en este ensayo hablar especialmente de Pulpo, una Videoinstalación creada en el año 2011, que presenta 4 proyecciones sincronizadas, 8 tachos de Home Depot con hule espuma y un logo en serigrafía. Quisiera hablar de esas proyecciones, donde varios migrantes guatemaltecos actúan en un estacionamiento de un Home Depot en California (el primer minorista de bricolaje del mundo).

Los guatemaltecos suelen llegar a Estados Unidos en busca de trabajo en la construcción, en seguridad o alistarse al ejército. El video los muestra fingiendo llevar armas y apuntar a su alrededor, mientras caminan sigilosamente o son deslizados por un carro de carga. Están interpretando la Guerra Civil de Guatemala, pero también representan la guerra que viven todos los días por cargar con el peso de ser inmigrantes.

 

Yoshua Okón trabaja el gesto, lo saca de un contexto específico y lo pone en el cotidiano de un estacionamiento de supermercado. Sin embargo, esa sobreexposición de situaciones no parece estar tan distanciada. Los guatemaltecos están en guardia, se mueven lento, sospechan. Muestran desprecio, el mismo desprecio probablemente con los que se los mira a los migrantes en Estados Unidos. Un nuevo golpe bajo de Okón, mostrando la realidad de esas personas obligadas a irse de su país para residir en otro, que los estigmatiza, que los aparta, que les teme.

Okón resalta el gesto erguido, tenso, desconfiado, de esos hombres trabajadores, morochos, de clase baja, obligados a irse de sus hogares, huyendo de la guerra, de la falta de trabajo, del hambre, de la represión, de la fragmentación social. Giorgio Agamben dirá “La característica del gesto es que por medio de él no se produce ni se actúa, sino que se asume y se soporta. Es decir, el gesto abre la esfera del ethos como esfera propia por excelencia de lo humano”.

En el video no hay palabras, hay gestos de marcialidad y poses de guerra, de vigilancia. Hay una postura que dice, que comunica. Hay un gag que representa una doble jugada, una posición que impide la palabra, a ellos no se los escucha, se los invisibiliza. Ellos toman la postura de los que los miran, de los que les temen.

Compramos rápidamente que el inmigrante latino es peligroso, el inmigrante que se compra para ir a la guerra, que se contrata para engrosar las filas de la seguridad privada. El trabajador desarraigado que acepta ir a pelear por el país ajeno a cambio de obtener la ciudadanía, o mejor dicho con la promesa de obtener la ciudadanía, ya que es sabido que pelear e incluso obtener medallas en una batalla, no es ganarse el título de ciudadano estadounidense.

La realidad del extranjero en Estados Unidos siempre ha sido difícil, pero con la presidencia de Trump todo ha empeorado, quien ha prometido frenar el flujo migratorio para impulsar los empleos domésticos dentro de su lema: “Compren productos estadounidenses, contraten estadounidenses”.

A los peores trabajos, a los peores horarios, al extremo mismo de tener que alistarse en el ejército para pelear por Estados Unidos, como si eso no fuera poco, los inmigrantes ahora son perseguidos y viven con el terror de ser deportados.

No es casual que el artista Joshua Okón haya montado la escena en una cadena comercial y paseado a sus actores en changuitos de las compras, esa doble significancia entre venderse y ser comprado sin otra alternativa que aguantar. Porque no sólo son reducidos a trabajos indignos y lanzados a los campos de batalla, son objeto de las guerras privadas de los mercenarios y sicarios.

El inmigrante como objeto de cambio. El inmigrante como descarte para el trabajo sucio, riesgoso, el inmigrante que necesitamos como fuente de trabajo, pero que al mismo tiempo amenazamos y aterrorizamos con volverlos a su país, si no encajan en los estándares de ciudadano estadounidense.

Los inmigrantes no sólo están en guerra cuando van al campo de batalla, están en guerra en Estados Unidos, donde son perseguidos, donde tienen que esconderse, o aprender a venderse como una mercancía más en cualquier shopping. Las imágenes de Pulpo, no son más que esa maximización del gesto de lo que viven cotidianamente.

La foto expuesta arriba es un fotograma de una pequeña escena donde los inmigrantes se arrastran por el estacionamiento, escondiéndose atrás de los canteros, mientras alrededor el resto hace su vida normal, algunos transeúntes salen del supermercado con bolsas, las cargan a sus autos y se retiran del lugar, otros caminan en dirección al acceso principal del edificio, circulan libremente por un espacio común, que para el inmigrante ilegal, morocho y de clase baja ese espacio común suele ser el mismísimo campo de batalla.

Franco “Bifo” Berardi, en su artículo Dinámica de la humillación explica: “inflige humillación quien demuestra a su semejante que no está a la altura de la imagen que tiene de sí mismo. En el pasado, el pobre no era humillado por su condición, se sentía pobre, lo que es ciertamente doloroso, pero la imagen que tenía de sí mismo estaba modelada por la tradición, por el ambiente de la gente pobre que podía encontrar en las calles de la ciudad. La aldea global ha cambiado el ambiente en el cual una persona puede formarse una imagen de sí misma y puede imaginar una biografía de elección.  Esto puede ser una cosa buena o una mala. Ciertamente es mala cuando la imagen que se difunde en el mediascape y se promueve por la ideología prevalente, se basa en la competencia y se concentra en la alternativa entre ganar y perder”.

 

Okón muestra una doble cara en ese gesto ajeno que se vuelve propio, la estigmatización se hace carne en ese grupo de trabajadores guatemaltecos que se pasean por el estacionamiento vigilando, pero siendo vigilados. Aparecen en las cámaras de seguridad del lugar, están siendo filmados. Hay una simulación que se vuelve verdad. Baudrillard, en Simulacres et simulation (1981) escribió: “El simulacro no es aquello que esconde la verdad, es la verdad que esconde que no hay ninguna verdad. El simulacro es verdadero”. Ese grupo de hombres están simulando su propia verdad, sus cuerpos realmente viven en posición de defensa, son perseguidos, deben ocultarse, deben transportarse como objetos, son intercambiados. Son desechados por una sociedad que los reprime pero que los necesita, los necesita para realizar trabajos que nadie quiere realizar. Los necesitan para sentirse superiores. Volviendo a Berardi, el autor dice: Millones de trabajadores blancos se han identificado con el despedidor, con el racista a quien le gusta humillar, sobre todo si puede hacerlo en público. Se han identificado con él porque quieren olvidar aquello que son, quieren identificarse con el vencedor, y también porque quieren identificar a un enemigo que sea más débil, así poderlo humillar, a su vez: el inmigrante, el mexicano, el negro, la mujer, el discapacitado; éstas son las figuras que el perdedor blanco puede humillar porque son más perdedoras que él”.

Los inmigrantes son impulsados para hacer aquello que nunca harían, pero que se atreven sólo por la promesa de conseguir una ciudadanía que los haga ser parte de un lugar. Una ciudadanía que casi nunca llega y es cambiada por la deportación o la muerte.

Es muy interesante el trabajo de Okón, porque el proceso incluye mucho trabajo de campo que luego en la escena puede percibirse, él se relaciona con los grupos sociales, las asociaciones políticas y los incita a trabajar desde el arte para mostrar eso que los medios ocultan.

Joshua Okón hace del arte un modo de mostrar la realidad, ese accionar social naturalizado, que desde la exageración del gesto, nos dice algo que nos cuesta ver y que nos afecta a todos. Okón deja expuesta la mercantilización de la violencia, una fuerza de trabajo que se compra y vende como en cualquier supermercado. El precio de la ciudadanía para los inmigrantes implica asumir un nuevo estatus mercantil: Artefactos para la “guerra contra el delito” y la “guerra contra el terrorismo”.



Mirá más de la obra de Yoshua Okón: https://www.yoshuaokon.com/


Bibliografía

 

Agamben, G. (2000). Notas sobre el gesto. Valencia: Pre-Textos.

Berardi, F. Revista Psicoanalítico. Verdad y simulación. En línea en http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num29/sociedad-berardi-verdad-simulacion.php

Baudrillard, J. (1981). Simulacres et simulation: Francia: Éditions Galilée.

LABORATORIO DE ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES  -  lesyc@unq.edu.ar

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