Las pibas y la esquina (*)

por Florencia Vallone

RECIBIDO: 28JUL18 | ACEPTADO: 31AGO18 

Hace ya un par de años comenzamos a comprender que la violencia de género no se trata de maltrato físico únicamente. El acoso es una de tantas aristas que, en palabras de Roberto Castro y Verónica Vázquez García (2008), tiene la función de reproducir las jerarquías de género. El autor y la autora retoman el concepto de habitus (Bourdieu, 1980) para expresar que “el acoso enseña a las mujeres a ajustar su hexis corporal, a no mirar en ciertas direcciones, a restringir sus contactos con otras personas, a incorporar en su habitus un conjunto de predisposiciones defensivas”. En ese sentido, esquivar las esquinas en donde se juntan grupos de pibes y restringir sus desplazamientos forma parte de una de las estrategias que llevan adelante algunas jóvenes.

 

                 Cuando ves que en una esquina hay chicos, la vas a esquivar. Si ves una esquina en la que hay chicos y personas                     que no conoces, la vas a esquivar. Sé que en la esquina de mi casa vinieron otros chicos de otras villas. Entonces                     no los voy a mirar ni saludar, cruzo para la otra cuadra porque sé que no me conocen. (21 años)

 

                 Hace como que te cruzas a comprar en la esquina y listo. Esquiva las cosas también. Es una manera de                                       protegerte a vos misma. (20 años)

 

                 Si vos te querés juntar en una esquina, yo no te voy a mirar. No te voy a decir nada. No te voy a decir “mirá, vos                       sos un villero y no tenés que estar acá”. (21 años)

 

De lo que escapan las jóvenes es de situaciones incómodas en las que los pibes construyen grupalidad en las esquinas. Esa conformación de identidad conlleva prácticas que se insertan en un esquema patriarcal. Tal como propone Rita Segato (2013) la violencia expresiva produce reglas implícitas a través de las que circulan consignas de poder. Ellos exhiben y espectacularizan su masculinidad para probarse ante sus pares y demostrar el control que consideran ejercer sobre las jóvenes. Se trata de ser reconocidos ante los demás y acumular “capital simbólico” (Bourdieu, 2014). Lo que les da legitimidad es el acoso hacia las pibas. Ellos necesitan del acoso para posicionarse frente a sus pares en las esquinas, pero, al mismo tiempo, se encuentran en una lógica que los oprime, ya que quien no construya masculinidad, queda afuera de la escena. Son “dominados por su propia posición dominante” (Bourdieu, 2014). Sin embargo, a pesar de que ellas no pueden eludir del todo estas situaciones, suelen sentirse más seguras en sus barrios y asocian el peligro a quienes no pertenecen a su entorno cercano.

 

                El secuestro y la violación van a pasar en todos los barrios, porque capaz en tu barrio aparece alguien de otro                          lugar que no conoces y te secuestra igual. (19 años)

 

                Si no hubiese gente que me conociera, no saldría de mi casa. (20 años)

 

                Si me mudara, yo haría que me conozcan. (19 años)

                En mi barrio paso y me grita uno sólo y nada más. Casi siempre lo atajan, le dicen que no me diga nada. (21 años)

 

Segato (2013) expresa que la reconstitución de comunidades con tejido social vigoroso es una de las cuestiones fundamentales para proteger a sus miembros. Según lo que podemos observar, hacerse conocer en sus barrios significa, para las jóvenes, reducir los riesgos que corren al salir a las calles, y construyen dicha opción como estrategia. Es decir, el establecimiento de vínculos, la acumulación de “capital social” (Bourdieu, 2014) hace que se sientan seguras.

 

                Cuando salgo no me siento segura porque no conozco a nadie. Pero después, donde mis papás se criaron, ahí sí                    me siento segura. Por ahí vas caminando y te dicen “ah, la hija de Mariano”. (19 años)

                Cuando algunos me dicen cosas, siempre hay uno que los ataja, y les dice “che, no le digan eso, que es la hija del                    chaqueño”. Ahí se quedan callados y al otro día me piden perdón. (21 años)

 

Aquí vemos cómo la figura omnipresente que aparece en momentos claves en los que ellas no se sienten seguras es la de sus padres -hombres-. Que alguno de los jóvenes las reconozca a partir de ser referidas a sus padres, implica mayor seguridad. De ahí que las chicas hagan uso de la acumulación de “capital social” y “simbólico” (Bourdieu, 2014) por parte de sus padres en tanto estrategia de defensa. Es decir, el acoso tiene punto final cuando entran en escena otros hombres que no se encuentran presentes, pero que tienen peso en la situación.

Pero tales estrategias no se llevan a la práctica sin la reproducción de contradicciones, sin que la defensa ante la dominación no implique reforzar al mismo tiempo el estado de las cosas.

Bourdieu (2014) expresa que “la tendencia a la autorreproducción de la estructura sólo se realiza cuando logra la colaboración de agentes que han internalizado su necesidad específica bajo la forma de habitus y que son productores activos, aun si consciente o inconscientemente contribuyen a la reproducción”. Así, surge la “paradoja del dominado/a” (Bourdieu, 2014): lo que las jóvenes consideran como estrategia de defensa, que es que al menos alguno de los pibes las reconozca como “hijas de sus padres”, implica, a su vez, la propagación de una estructura que tiende a reproducir su dominación en la lógica piramidal y patriarcal, teniendo que apelar a otros hombres para escapar, al menos en la situación inmediata, del acoso de los jóvenes.

 

Bibliografía:

Bourdieu, P. y Wacquant, L. (2014). Una invitación a la sociología reflexiva. Siglo XXI, Buenos Aires.

Castro, R. y Vázquez García, V. (2008). La Universidad como espacio de reproducción de la violencia de género. Un estudio de caso en la Universidad Autónoma Chapingo, México. Estudios Sociológicos. Vol. XXVI (78), pp. 587-616.

Segato, R. (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta limón, Buenos Aires.

(*) Texto exclusivo para el LESyC

LABORATORIO DE ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES  -  lesyc@unq.edu.ar

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