Pesos Pesados

A propósito de Elephant de Gus Van Sant

por Esteban Rodríguez Alzueta

“Bueno, bueno, ¿llevarías una navaja

en caso, sólo en caso de depresión? (…)

Yo tengo el lujo y tú el fracaso

¿No hay un hombre que diga basta?

¿No hay una mujer a quien pueda partirle la cara?

¿No hay un niño al que pueda abrazar sin juzgar?

¿No hay una pluma que lo escriba antes de que estén muertos?

¿No estás orgulloso de tener aún máscaras?

¿No hay una maldita canción que me haga echarme a llorar?”

David Bowie, en Jóvenes americanos.


 

1.

El 20 de abril de 1999, el mismo día que el gobierno de Bill Clinton lanzaba sobre Kosovo más bombas que las que arrojaría el resto de la guerra, dos adolescentes de 16 años, Eric Harris y Dylan Klebold, a un año de graduarse, entraron a la escuela donde cursaban sus estudios, armados con automáticas y granadas. Mataron a doce estudiantes y a una maestra e hirieron a otras varias docenas de personas. Las armas las habían adquirido legalmente por Internet en tiendas autorizadas, y las balas comprado en el centro comercial de la ciudad.

 

Los hechos fueron conocidos como la masacre de la secundaria y llegaron hasta nosotros a través del documental de Michael Moore, Bowling for Colombine (2002) que fue merecida con un Oscar.

No fue la primera masacre y tampoco sería la última. El 16 de abril de 2007 en Virgnia Tech, Blacksburg, murieron 33 personas, incluyendo al único autor que inició el tiroteo,​ Seung-Hui Cho, un estudiante surcoreano de 23 años estudiante de literatura inglesa y residente en la Universidad de Virginia. También resultaron heridas 29 personas. En diciembre de 2012 en la Escuela Primaria de Sandy Hook, Connecticut, murieron 20 alumnos y 6 docentes en un tiroteo, incluyendo a Adam Lanza, un joven de 20 años que fue el perpetrador de los hechos, que se suicidó en el acto y su madre a Nancy Lanza.

 

La tragedia en Columbine ocurrió en Little, una comunidad suburbana de Denver en el estado de Colorado. Como nos recuerda Michael Moore, en Little se encuentra la mayor fábrica de armas del mundo que es, al mismo tiempo, el mayor empleador de los vecinos de la ciudad. Casi todos los hijos de los que trabajan en la fábrica asisten a la preparatoria de Columbine. Muy cerca de allí se encontraba también la base aérea de Oscada. El 20% de las bombas que se arrojaron sobre Kosovo procedieron de este establecimiento industrial. El padre de Eric había sido piloto en la guerra del golfo y cuando sucedió la masacre la familia todavía seguía viviendo en la base militar.  

 

Durante un par de semanas, lo que dura un suceso semejante en la pantalla de la televisión, los EEUU debatieron la masacre. Había que encontrar una causa, un culpable, otro chivo expiatorio para explicar semejante “monstruosidad” que, dicho sea de paso, no fueron tan monstruosos, como los bombardeos sistemáticos de los EEUU en Kosovo, Pakistán, Irak, o Siria. Algunos apuntaron contra la televisión o el cine violento, otros a los videojuegos, el porno hardcore, las drogas, el alcohol, los juguetes bélicos, los padres divorciados, Marilyn Mason, etc. etc. En la lista nunca aparecía la desocupación y, mucho menos, la cultura del terror y la violencia en la que los americanos venían siendo entrenados por generaciones. Tampoco el mercado de armas, el fácil acceso para acceder a un arma en los EEUU.  

 

En tiempos de fervor patriótico y pánico moral, después del atentado a las Torres Gemelas, en otra nueva "cruzada humanitaria" protagonizada por Bush, Michel Moore iba hasta el fondo de la cuestión. La hipótesis maldita de Moore proponía una relación de continuidad entre estos pequeños hechos de la vida cotidiana espectacularizados con bombos y platillos y los grandes hechos de la vida de los Estados, ignorados por la sociedad civil en general y ocultados por los mass media y los gobiernos. No hay casualidad para Moore entre los acontecimientos. Por eso el documental comienza con estas palabras: "La mañana del 20 de abril de 1999, fue como cualquier mañana en EEUU. Los campesinos trabajaban, el presidente bombardeaba otro país de nombre impronunciable. Y en Colorado, dos chicos jugaban bowling a las 6 de la mañana. Sí, un día típico en los EEUU de América."

 

En la versión de Gus Van Sant, Elephant, el 20 de abril es un bello día de otoño. Eli persuade a una pareja de punkitos para posar unas fotografías. Nate termina su práctica de fútbol y se encuentra con su novia Carrie para almorzar. John deja las llaves del coche de su padre en la dirección de la escuela para que su hermano los recoja, pues el padre está borrachísimo otra vez. En la cafetería, Brittaney, Jordan y Nicole, tres bulímicas barbis, chismean y se quejan de la intromisión de sus madres y sus parejas en sus respectivas vidas. Y Michelle, la gordita tímida, candidata fija al bullying escolar, corre a la biblioteca a hacer su pasantía después de su práctica de atletismo. Justo después de que John se topa con Eli en el pasillo de la escuela y le toma de paso algunas fotografías, John se cruza en la puerta del colegio con Alex y Eric. Algo le dicen, son piadosos con John quien parece cazarlos al vuelo. John se desconcierta, grita, corre, quiere prevenir, salvar a los que pueda pero nadie le llevará el apunte, es demasiado tarde, los tiros se abren en varias direcciones y todos se dispersan. Empezó la estampida y todo se vuelve confuso. Alex y Eric están barriendo a los estudiantes, es el pasado en el presente, pero también el futuro irrumpiendo en ese presente desquiciado. Los chicos se están desquitando por lo que les sucedió pero también se están vengando por lo que les iba a suceder si transitaban por aquella pendiente como miles de jóvenes que no están a la altura del Sueño Americano.


 

2.

El elefante es el símbolo del partido republicano pero también la esfinge que elige Gus Van Sant para pensar los Estados Unidos. El elefante es un peso pesado de la naturaleza y tal vez por eso mismo haya sido el símbolo preferido de los grandes reyes que escogían a estos animales como mascota excéntrica o la montura para sus travesías. Alegoría de la fuerza del Estado, de la prepotencia que había que poner de manifiesto cuando el poder funcionaba a través de la obnubilación.

 

Pero el Elefante también es un símbolo que nos conecta a lo profético. Para el pensamiento mágico el elefante es el animal susceptible de producir nubes, de allí la existencia de elefantes alados como Dumbo. A lo mejor sea por eso, por su forma redondeada y su color gris blanquecino, que se haya considerado al elefante símbolo de las nubes, las mismas nubes que abren y cierran la película de Gus Van Sant. Porque el 20 de junio un cielo empañado por nubes, pomposas pero sigilosas, que no paraban de moverse, presagiaban lo que sería una jornada trágica.

 

Los elefantes son las nubes, símbolo a su vez de las apariencias en permanente transfiguración y de la fertilidad, es decir, de todo aquello cuyo destino es la fecundidad. De allí que las nubes también hayan sido asimiladas a los profetas, pues las profecías son el agua oculta por la fertilización de origen celeste. Por eso mismo, señalaba alguna vez Bachelard, la nube suele ser tomada simbólicamente como mensajero.

 

Entonces tenemos que, por un lado, el elefante es la potencia (de la libido) y, por el otro, el desconcierto, una confusión que se postula como presagio de algo que vendrá. Y lo que vendrá –lo sabemos ahora- es bestial, tan bestial que no se puede visualizar. Un mensaje que invita a ser develado.

 

Gus Van Sant recurre al mamífero más grande de los animales terrestres para pensar lo mínimo, aquello que no se puede palpar porque no se ve, pero está ahí, se respira en el ambiente, nos sopla todo el tiempo en la nuca. Las mismas nucas que Gus Van Sant persigue en toda la película, acaso como reclamando una mirada vigilante que nunca estuvo, acaso para dar cuenta del soplo del destino que impulsa a toda esa gente joven a actuar más allá de lo comprensible, de sus propias voluntades, o de la ingenuidad que caracteriza a la adolescencia.

 

El elefante es ese mamífero con cara de inocente pero dueño de una fuerza que no controla, de una energía que no se puede prever; una energía de la cual la educación quiere ser su antídoto, la defensa "civilizada" que trama la sociedad para contener el mundo de los jóvenes.

 

Pero "elefante" también porque, como me sugirió alguna vez mi amigo Jerónimo Pinedo, lo que se venía tanteando se tramaba a la vista de todos. No sólo porque las armas y las balas se compraron legalmente sino porque cuando se dirigen a la escuela lo hacen vestidos de milicianos. Y no obstante nadie, salvo John  -y es demasiado tarde- pudo reparar en ellos. Estaban ahí, parados en el medio del pasillo, con las armas automáticas en la mano esperando las detonaciones y nadie los vio. Una sociedad que no puede ver al elefante que tienen adelante, una sociedad que no se anima a mirar de cerca, que cierra los ojos para no ver lo que ha estado amasándose durante décadas, a sus criaturas salvajes, es una bomba de tiempo. Tarde o temprano se llevara a todo el mundo por delante.


 

3.

Suele decirse que los chicos se toman las cosas demasiado en serio, que tienden a ser bastantes tremendistas. Los elefantes tienden a la elefantiasis. De allí que los adolescentes sean una suerte de termómetro de lo que sucede o sucederá en el mundo de los grandes. Los chicos anticipan, cuando reproducen a gran escala, el devenir social. Son una suerte de tester de violencia, de aquellas violencias que se van condensando en la sociedad. No está demás recordar, dicho sea de paso, que la elefantiasis es una enfermedad crónica que se caracteriza y reconoce por el excesivo desarrollo de ciertas partes del cuerpo, especialmente de las extremidades y de los órganos genitales externos y por el gran endurecimiento de la piel. El cuerpo les queda grande a esos gigantes con cara de niño que llamamos elefantes.  

 

No se trata de la América profunda sino de la América superficial. Lo que se venía amasando sucedía a la vista de todos, frente a la mirada distraída de todo el mundo. Todos estaban demasiados ocupados en sus cosas, demasiado reconcentrados en perseguir o sostener sus proyectos de vidas exitosos. Lo que venía fermentando, pesaba sobre la clase media americana, en los pasillos interminables del gran college americano y nadie pudo advertir su gravedad.

 

Si el documental de Michael Moore es lucido y por eso recurre a la ironía, la película de Gus Van Sant, escoge la perplejidad para pensar lo que pudiendo haberse anticipado se les escapaba y se les sigue escapando de las manos.

 

Sin embargo, en algo parecen coincidir Moore y Van Sant: la masacre de aquellos chicos anticipará el 11 de septiembre, es decir, los bombardeos sistemáticos contra la sociedad civil en Irak, y anticipará otras tantas cosas que no sabemos en qué consistan todavía pero se respiran, están flotando en el ambiente. El elefante anda suelto en el bazar y corre asustado.

 

El elefante, entonces, es un enigma, una metáfora construida con muchas metáforas y acaso por eso mismo, un símbolo que está para interrogar, una alegoría que espera ser develada o por lo menos discutida. La esfinge, en fin, es una invitación a pensar, tal vez una de las últimas oportunidades que tiene la sociedad americana para frenar algo que recién está comenzando, algo que no conocemos todavía su cara más oscura y más pesada.

LABORATORIO DE ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES  -  lesyc@unq.edu.ar

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